De Vuelta al Mar
Consciente de que la preocupación con el medio ambiente debe ser inherente al negocio de una empresa cuyas actividades son de riesgo, Petrobras, desde el accidente ambiental ocurrido en la Bahía de Guanabara el año 2000, mantiene un convenio con el Centro de Rehabilitación de Animales Marinos (CRAM), perteneciente a la Universidad Federal de Rio Grande (FURG) y localizado en Rio Grande do Sul, en la ciudad de Rio Grande. De esta forma, contribuye con el rescate, la rehabilitación y la devolución de un promedio de 400 animales marinos al hábitat cada año.
“Rescatamos pingüinos, focas, leones marinos, albatros, gaviotas, petreles, tortugas, delfines, orcas y toninas, entre otros animales. La mayoría de las veces, son encontrados presos en redes de pesca, pedazos de plástico o embalajes de madera, enrollados en hilos de nylon, prendidos por anzuelos pero aún vivos, baleados, mutilados por hélices de barcos, contaminados por productos químicos, o sucios de petróleo porque los navíos lavan sus tanques en altamar, o a causa de derrames”, explica el oceanógrafo Lauro Barcellos, que está al frente del CRAM y es también director del Museo Oceanográfico Profesor Eliézer de C. Rios, anexo al centro.
El CRAM rescata y rehabilita pingüinos, focas, albatros, delfines, tortugas y otros animales marinos
Entre los diversos incidentes, la limpieza de los tanques de los navíos en el mar es uno de los más críticos. Ocasiona derramamientos de petróleo y mata más animales que los derrames localizados, según Barcellos. “En estos casos, las tripulaciones de las innumerables embarcaciones causadoras del problema no suelen realizar ningún esfuerzo para limpiar el ambiente y proteger la fauna marina. Por eso, la ayuda puede llegar demasiado tarde”, lamenta Barcellos.
Según el oceanógrafo, el litoral Sur de Rio Grande do Sul es el área del Brasil donde se concentra la mayor incidencia de casos de animales marinos que son víctimas de la acción del hombre, dada la proximidad a colonias de pingüinos, de lobos y leones marinos. En este aspecto, la localización del CRAM es privilegiada.
En sus trabajos, el CRAM es auxiliado por cinco de los diez Centros de Defensa Ambiental (CDAs) de Petrobras, localizados en Itajaí, en Santa Catarina; Guarulhos, en Sao Paulo; Duque de Caxias, en Rio de Janeiro; Madre de Deus, en Bahía; y Manaus, en el Amazonas. En funcionamiento 24h, los CDAs accionan el órgano en cualquier situación de daño potencial a la fauna marina, suministrándole la infraestructura para los trabajos de emergencia y viabilizan su actuación en el Brasil y en el exterior. Un técnico en logística del CRAM actúa en total sintonía con los CDAs. Las comunidades y la prensa, cuando toman conocimiento de los incidentes, también informan al CRAM. “Se trata de una red realmente eficiente de protección a la fauna impactada por accidentes ambientales”, dice el gestor del convenio con el CRAM en Petrobras, Isaac Wegner, del área de Seguridad, Medio Ambiente y Salud de la Compañía.
En Unidades Móviles de Despetrolización de la Fauna, especies de UTIs veterinarias concebidas por encargo de Petrobras, los animales reciben atención de emergencia, que debe ser prestada con agilidad, cerca del local del rescate. Esta atención está a cargo de voluntarios de los alrededores especialmente entrenados en cursos ofrecidos en el CRAM y catastrados en el local, para la convocación en casos en que ocurran derrames de petróleo y daños a la fauna marina. En las UTIs móviles, están a disposición de los animales dos containers con medicamentos, ambiente climatizado, agua caliente, tanque de desechos y materiales necesarios para la inmovilización y para el rescate de los animales.
Una vez en el CRAM, los animales rescatados reciben cuidados por parte de un equipo especializado, formado por dos oceanógrafos, dos veterinarios, un tratador de animales y cerca de 20 pasantes por semana. Los animales son evaluados por los veterinarios, sus funciones vitales son estabilizadas, se les recetan suero y reposo para ayudar en su recuperación y baños de agua caliente con detergente ayudan a remover el petróleo de su cuerpo, si ese fuera el caso. “En general, los animales rescatados necesitan ser alimentados en la boca, inicialmente. Pero, cuando empiezan a recuperarse, son dejados en libertad para volar pequeñas distancias o sumergirse un poco, hasta que estén considerados aptos para volver al ecosistema”, cuenta el coordinador del Programa Tecnológico de Medio Ambiente de CENPES, Pedro Penido Guimarães, que idealizó el convenio con el CRAM.
El retorno de los animales rehabilitados a la naturaleza es la mayor recompensa del equipo del CRAM, de los equipos de los CDAs y de los voluntarios que contribuyen para el éxito de cada emprendimiento. Sin embargo, paralelamente, se viene realizando otra conquista. “Además de salvar los animales, estamos educando a las personas para que tengan una convivencia más equilibrada con la naturaleza. Hoy, tenemos leyes que protegen el medio ambiente. No obstante, aún es necesario fortalecer los sistemas de fiscalización que impiden la destrucción de la vida e invertir más en la educación de las futuras generaciones. Esta es la solución”, finaliza Barcellos.